lunes, noviembre 24

Títere de cartón

Tengo un títere de cartón. No es un títere cualquiera, el mío ríe, llora y habla; a veces también, se pasea. Fui yo quien le hice, un día de aburrimiento aunque lo hice más por melancolía que por entretenimiento. Primero le hice el tronco, luego los brazos, las piernas, las manos y los pies, luego le hice la cabeza, le puse pelo, ojos, orejas y nariz. Y en cuanto le puse la boca, me pareció verle coger una gran bocanada de aire pero no le di importancia, simplemente, no podía ser. Al día siguiente, tampoco fue, ni al siguiente del siguiente... le fui abandonando tras bailarle dos o tres veces sin mucho ritmo. Pasó un año en el desván hasta que vino mi madre un día, un día de profunda melancolía y me dijo: esto yo creo que te animaba ¿o no ? Profundamente lo abracé y tras una semana diciéndole que le quería, mi títere cobró vida. Me miró y me dijo que él también me quería. Desde entonces me ha agradecido que le haya construido, y yo a él por encerrarle le he pedido perdón. Con vida o sin vida, es mi títere de cartón.  

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